Editorial: Guedes y el Valencia comen aparte

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La Cueva del Murciélago // València

Llevar ese número siete a la espalda nacido en las raíces de Algirós siempre tiene algo especial. Relegado en los últimos años a portadores de un rendimiento bajo, como Negredo o Maria Suárez, parece haber encontrado de nuevo un acompañante que sí le hace justicia.

Guedes ya sujeta el cartel de estrella. Y no tanto por su incidencia en el engranaje del equipo, pues ahí discreparían otros como Neto, Garay, Parejo, Rodrigo o Coquelin. Su capacidad para ser determinante en los momentos más complejos del curso, esos que dan objetivos y títulos, le encumbran a la categoría de referente. Krasnodar, Villarreal y ahora el Benito-Villamarín reafirman esta teoría.

Dos fogonazos suyos fueron suficientes para vencer al Real Betis y colocarse a tan solo dos puntos de la plaza que otorga el tan ansiado ´tren Champions League´. Tres puntos más al casillero para continuar con una de las trayectorias ascendentes más radicales que se conocen en la historia más reciente del fútbol español y, quizás, europeo. Un equipo que tras la derrota ante el Deportivo Alavés en los primeros días del 2019 parecía perdido, sin rumbo y condenado a vagar sin pena ni gloria en el año de su centenario encontró su camino gracias a una linterna que se llama confianza.

La cúpula directiva, encabezada por Mateu Alemany, reiteró en todo momento su confianza en Marcelino García Toral y su cuerpo técnico. De forma pública, pero también privada. Estaban a muerte con el proyecto y comprendían que una plantilla con tanta materia prima solamente necesitaba incrementar su autoestima para ofrecer su verdadero nivel. Dicho y hecho. Solamente nueve derrotas de 52 partidos oficiales. Finalista de la Copa del Rey, a tan solo dos partidos de disputar otra final europea y ocupando la 5ª plaza, metido de lleno en la batalla por acceder a la Champions por la vía liga. “Todos hubiéramos firmado estar en una situación así”, explicaba Marcelino tras el partido ante el Real Betis. Y es cierto. Ni el más optimisma lo hubiese creído.

Nueve partidos le quedan, como mucho, al Valencia para terminar una temporada que puede ser histórica. Una temporada que transita por el hilo como un funambulista por la delgada línea del éxito o la decepción. Puede que el miedo al fracaso esté ahí, pero la posibilidad de firmar un hipotético doblete existe. Pocos confían en ello, pero las matemáticas no entienden de sensaciones. Próxima parada: Wanda Metropolitano.

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